domingo 10 de julio de 2011

¡VUELVE EL ALETI!

Aunque parezca extraño, esta imagen se repetirá de nuevo en la liga Asobal. La única diferencia es que Jotas no llevará la elástica rojiblanca ni dominará el balón con los pies. Su camiseta será la amarilla. Son sus compañeros los que recuperarán una camiseta histórica en el balonmano nacional, la del Atlético de Madrid.

Ni el plumazo que le dio Jesús Gil ha podido con su leyenda. Lo curioso es que le queda hasta un descendiente, el propio José Javier Hombrados.

Hasta ahí la anécdota, lo peliagudo está detrás, en el traslado "forzoso" del Balonmano Ciudad Real y su "conversión" en Atlético de Madrid, de donde a fecha de hoy sólo tiene el nombre, la camiseta y el escudo ... punto. Me temo que a lo mejor no vemos a Enrique Cerezo siquiera en un partido en el palco del Palacio de los Deportes.

Por cierto, el reto que se ha marcado Domingo Díaz de Mera de pedirle a la Comunidad de Madrid que le asegure la asistencia de 4 ó 5 mil niños en los partidos (deduzco que gratis y gracias) me parece de bastante enjundia y tengo que verlo para creerlo. Por eso, la asistencia a los partidos del Aleti va a ser la gran reválida más allá de lo deportivo.

Dicho esto, queda por valorar la salida de Ciudad Real. Si me pongo en la piel de un aficionado manchego, la marcha del equipo tiene que ser un gran, gran mazazo. Pasar de celebrar Champions, Ligas o Copas a ... nada, es mucho salto. Por un lado es bastante injusto que suceda así, aunque visto desde el punto de vista crematístico y presupuestario, podría entender que es comprensible. El ejemplo más inmediato que me viene a la cabeza es el de las franquicias NBA, que saltan de una ciudad a otra sin mayores dramas.

Me da pena por Ciudad Real, por aquel Caserío Vigón que llegó a la División de Honor desde la modestia hasta hacerse un grande, de la mano de jugadores como Rafa López León, si no recuerdo mal con pasado también colchonero.


Ya se sabe, la vida es un pañuelo, como la del pasado Atlético de Madrid de los Svensson, Claudio, Marín, Tito Urdiales o mi amigo Mateo Garralda. Lo dicho ... un pañuelo ... y en San Fermín ... rojo y blanco.



1 comentarios:

Luis dijo...

El fondo del asunto sobre la marcha del club de Díaz de Mera tiene también un trasfondo de intereses políticos y económicos que rayan en la corruptela.
Díaz de Mera ha sido uña y carne con la administración socialista (el aeropuerto es el ejemplo más evidente de una larga lista que incluye a medios de comunicación) y como la situación económica y la pérdida de las elecciones no le dejan seguir en ese chanchulleo, pues se larga a otro sitio para intentar hacer lo mismo.
Según me comentaba un magnífico compañero que tuvimos en Ciudad Real, el club era "su puta" en palabras de Díaz de Mera.